En el desierto antiguo existía un templo dedicado a dioses falsos cubiertos con máscaras de plata. Los sacerdotes mantenían el misterio para controlar a quienes buscaban respuestas. Cada noche encendían enormes antorchas para impresionar a los viajeros. Con el tiempo, el pueblo descubrió que el verdadero conocimiento no dependía del miedo ni del engaño.